Rioja, la evolución de un grande mundial

A pesar de los grandes cambios que han revolucionado el panorama vinícola español en las últimas décadas, Rioja continúa siendo la denominación española más prestigiosa a nivel nacional e internacional y esto no va a cambiar en un futuro a largo plazo. Sin embargo, en la pasada década de los ochenta y principios de los noventa, el auge de denominaciones como Ribera del Duero, Priorato o Somontano amenazaron la primacía riojana.

Los vinos clásicos riojanos, ligeros, fáciles de beber y con largos periodos de crianza, generalmente en roble viejo, se vieron cuestionados ante la aparición triunfal de un nuevo modelo de tintos de color intenso, cargados de fruta y bien estructurados.
Algunos incluso auguraron la caída de Rioja del primer puesto del panorama nacional, criticando sus modos de elaboración anclados en el pasado. Pero Rioja supo reaccionar: a finales de los ochenta y principios de los noventa un grupo de enólogos locales puso las bases de una auténtica revolución que condujo definitivamente al vino riojano hacia la modernidad.

La revolución que comenzó a vivir Rioja colocó a la viticultura y al cuidado de la viña en el lugar prioritario que merecían. Los bodegueros que no tenían viñedo propio (la mayoría) comenzaron a exigir a los viticultores una materia prima de mayor calidad. También se puso en valor un nuevo concepto: el de vino de terruño, el vino nacido de parcelas específicas, ligado a la tierra. Los cambios afectaron también al proceso de elaboración: maceraciones más largas, renovación del parque de barricas para pasar del roble viejo al nuevo…

Como abanderados de la renovación riojana destacaron figuras como Marcos Eguren, autor de varios de los mejores vinos del país, como Amancio, Finca El Bosque, El Puntido y La Nieta; y también Juan Carlos López de Lacalle, creador al frente de Artadi de tintos tan brillantes como Pagos Viejos y Viña El Pisón, cuya cosecha 2004 obtuvo 100 puntos Parker.

En esta línea moderna apareció a mediados de los noventa Miguel Ángel de Gregorio y su bodega Finca Allende, terminando de revolucionar el vino riojano con la enorme calidad de sus tintos Calvario y Aurus. Por las mismas fechas, Agustín Santolaya (Bodegas Roda) alumbró el excepcional Cirsion. Y pocos años después, Carlos San Pedro creó Bodegas y Viñedos Pujanza, donde Pujanza Norte brilla como una joya imprescindible.

Rioja supo modernizarse y abrirse a nuevos estilos, y hoy podemos encontrar en esta tierra los tintos más vanguardistas y otros en la línea de la vieja escuela. En un punto intermedio se encuentran las bodegas tradicionales que han logrado adaptarse a los nuevos tiempos con éxito. Es lo que ocurre con Marqués de Murrieta y su excepcional Dalmau, o con la saga Muga y su poderoso Aro. Mención aparte merece la bodega Remírez de Ganuza y su excepcional Trasnocho, un rioja tradicional en esencia y moderno en su elaboración, alabado por la crítica cosecha tras cosecha. El caso es que Rioja sigue en lo más alto y esto no parece cambiar a largo plazo.

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