Selección Thyssen: ¿Quién está detrás? Carmelo Rodero Reserva 2016 + El sueño

I. ¿Quién hay detrás del vino?
LA FAMILIA RODERO
Carmelo Rodero puso en 1991
la primera piedra de un proyecto vinícola que lleva su nombre y que hoy día se
sitúa en la élite de la D.O. Ribera del Duero. Tanto su abuelo como su padre se
dedicaban a la viña en su localidad natal, en Pedrosa de Duero (Burgos); y
Carmelo, siguiendo la tradición, ya cultivaba la tierra siendo un adolescente. Una
vez finalizó el servicio militar, comenzó la compra y cultivo de sus propios
viñedos hasta lograr un valioso patrimonio. Sus primeros años como viticultor
estuvo ligado a la Cooperativa Vinícola de Pedrosa, de la que sus abuelos
fueron socios fundadores. Después, pasó a vender las uvas a bodegas de
reconocido prestigio, como Vega Sicilia.
El segundo y gran salto estaba por llegar: crear su propia bodega donde modelar las excelentes uvas que cosechaba -sus “perlas negras”, como le gusta llamarlas-. Así, hacia 1990 funda, respaldado por su esposa Elena, Bodegas Rodero. Hoy, las hijas de Carmelo y Elena se han unido al proyecto familiar: Beatriz llevando las riendas enológicas, y María al frente de la parte comercial y ‘marketing’.
EL VINO. Carmelo Rodero cuenta con un sistema único y patentado de vinificación en el que la fuerza natural de la gravedad tiene absoluto protagonismo. Un sistema que permite mimar la uva al máximo y evita los remontes mecánicos. Carmelo Rodero Reserva 2016, 90% tempranillo y 10% cabernet sauvignon, procede de viñedos con más de 30 años de edad. Una larga crianza de 21 meses en roble francés lo convierte en un vino con una magnífica complejidad, potente a la vez que elegante, amplio, sedoso y cremoso en el paso de boca.
Sobre el motivo que llevó a elegir la obra ‘El sueño’ de Franz Marc para vestir este vino, la familia Rodero nos explica: “Hemos seleccionado esta pieza porque interpretamos que aúna por un lado la parte de naturaleza que tanto nos identifica; una parte masculina que relacionamos con la figura de Carmelo; y por otro lado, una femenina que en este caso identificamos con la llegada de las nuevas generaciones, es decir, con Beatriz y María”.
II. ¿De quién es la obra reproducida en la etiqueta?
FRANZ MARC
Nacido en Alemania en 1880, Franz Marc está considerado uno de los representantes más destacados del expresionismo alemán. Su padre, Wilhelm Marc, fue pintor paisajista; y su madre, Sophie Maurice, institutriz educada en el calvinismo más estricto. En sus primeros años de juventud, Franz cursó estudios de filosofía y teología influenciado por su madre; después tomó el camino del padre y estudió en la Academia de Bellas Artes de Múnich. En su estilo influyó de gran manera su viaje a París en 1903, donde descubrió la pintura de Vincent Van Gogh.
En 1911 Franz Marc fundó, junto a otros pintores como August Macke y Kandinsky, uno de los grupos más reconocidos del expresionismo: Der Blaue Reiter (El jinete azul), movimiento que apostó por un expresionismo más lírico y menos pesimista. El estilo de Franz Marc fue evolucionando influenciado por otras vanguardias, como el cubismo y el futurismo, hasta derivar finalmente en obras muy abstractas. Franz sentía un gran amor por los animales y ellos fueron el tema favorito de sus cuadros. Sus pinturas más famosas son retratos de animales llenos de colorido.
En 1914 se alistó voluntario para luchar en la I Guerra Mundial, creyendo en la capacidad regeneradora y purificadora de la guerra. Poco después, su visión cambia y en varias de sus cartas señala su inutilidad y crueldad. Murió en el campo de batalla de Verdún en 1916, a la edad de 36 años.
EL CUADRO. “El sueño” (1912) es una obra emblemática de Franz Marc en la que se percibe la influencia de las teorías futuristas italianas y del cubismo francés, y su inclinación por los colores puros y muy fuertes. En el cuadro también se aprecia cierta abstracción: las figuras son reconocibles, pero tienen formas simples y sencillas: en el rostro de la mujer solo se destacan los ojos cerrados para sugerir el sueño. Por otro lado, los colores tienen un contenido simbólico como también sucederá en su posterior etapa abstracta: el azul representa lo masculino, lo espiritual e intelectual; el amarillo, la feminidad y amabilidad. Una obra de atmósfera onírica que parece describir la armonía entre el hombre y la naturaleza que lo rodea.