‘Tips’ para parecer un experto catando con amigos

¿Cómo se cata un vino? Quizás has asistido a alguna cata de vinos, a algún curso de iniciación o has leído sobre el tema. Entonces sabrás que la cata se divide en tres fases: visual, olfativa y gustativa. Aprender a catar lleva tiempo, sobre todo, hay que poner mucha atención y probar muchos, muchos vinos. Es un tema de educación sensorial. Pero todo el mundo puede hacerlo. Si te apetece aprender, este post te servirá de ayuda para empezar a manejarte en una cata con amigos.

-TEMPERATURA. Es importante degustar cada vino a su temperatura adecuada. Si el vino está demasiado caliente, se potencia la sensación de alcohol y nos resulta cálido y pesado. Si  la temperatura es más baja de la recomendada, resalta su acidez. Además, si está muy frío, apenas nos olerá a nada.

-LA COPA. No vale cualquier copa. Escoge copas con un tallo alto. Recuerda que la copa se coge por el tallo; si la sujetas por el cáliz, ensucias el cristal y calientas el vino. También es importante que sea transparente, y que el diámetro de su boca sea más estrecho que la parte ancha: así se retienen mejor los aromas.

-AIREAR Y DECANTAR. En ocasiones, la información impresa en la etiqueta indica que es aconsejable decantar o airear el vino, ¿qué significa? Si catas un vino que lleva mucho tiempo en botellapor ejemplo, un reserva o un gran reserva o un vino de larga crianza en general- puede ocurrir que al principio apenas percibas aromas. En estos casos, si trasladas el vino a un decantador o a una jarra de cristal y lo dejas reposar unos 20-30 minutos, comprobarás que el vino se muestra más expresivo en nariz, y también más suave en boca.

-SEDIMIENTOS O POSOS. No afectan a la calidad del vino. Normalmente los sedimentos son materia colorante y sales, solidificaciones de tartárico. Un fenómeno natural que, sin embargo, nos molesta al beber. También se encuentran posos en los vinos sin filtrar. filtra sus vinos porque afirma que durante el proceso pierden cualidades organolépticas (aromas, intensidad). Eso sí, si la contraetiqueta de la botella indica que conviene decantar el vino es mejor seguir las instrucciones: nadie conoce su producto como aquel que lo elaboraTen a mano un decantador para deshacerte de estas precipitaciones y listo: traslada con cuidado el vino a un decantador o jarra, y los sedimentos se quedarán en el fondo de la botella.

-LA CAPA. El término ‘capa' se utiliza en la fase visual de la cata y hace referencia a la cantidad de color o intensidad del color en un vino. Una capa alta nos dice que tiene muchos taninos y buena estructura: mayor sensación de peso, solidez o corporeidad en boca (después lo confirmaremos al degustarlo); y también mayor capacidad de guarda, así que aguantará mejor el paso del tiempo.  

Aquí va un truco para valorar la capa: inclinamos la copa, y ponemos la mano libre al otro lado de la copa. Si nos vemos los dedos a través de la copa, hablamos de capa baja; si por el contrario, el color es tan intenso que no nos vemos los dedos, el vino tendrá capa alta.

-AROMAS. Los aromas se perciben en dos fases: primero con la copa parada y luego moviendo la copa con movimiento lento de rotación. Con este balanceo, los aromas se intensifican y modifican.

Si un vino despliega un amplio abanico de aromas, decimos que es complejo en nariz. En cualquier caso, lo importante es identificar los aromas más perceptibles. En este post puedes encontrar las familias aromáticas más habituales en los blancos y tintos: Sabores y aromas en el vino: cuestión de gustos.

-EN BOCA. Para analizar su perfil gustativo, damos pequeños tragos que se pasean por la boca, la lengua y el paladar. El vino nos puede dejar en lengua y encías sensaciones de astringencia, aspereza o sequedad;  o por el contrario, sensaciones sedosas y suaves, asociadas a los grandes vinos.

-ESTRUCTURA/CUERPO. Un vino que ha sido elaborado en contacto con (fermentación o crianza) tiene una mayor estructura o cuerpo, es decir, sensación de corporeidad o solidez en boca. Jaime Bermúdez, director técnico de Vinoselección lo explicaba así: “Los vinos que han tenido un periodo de crianza en barrica son más tánicos, y con mayor estructura, puesto que a la carga tánica procedente de la variedad de uva, hay que sumar el aporte que se produce por parte de la madera de roble durante el tiempo que permanecen juntos. Los vinos jóvenes (sin crianza) suelen ser vinos de cuerpo ligero, con menor contenido en taninos y, por tanto, con menos estructura y sensación de corporeidad”.

-EQUILIBRIO FRUTA Y ROBLE. Si el vino tiene crianza, es importante que los matices frutales y los del roble aparezcan en equilibrio, es decir, que el roble no anule los recuerdos de la uva. Aunque esto también tiene que ver con los gustos personales. Hasta hace un tiempo, se solía decir que en el vino español se ‘abusaba' del roble. Hoy día, en general, los elaboradores buscan vinos con mayor equilibrio entre las notas frutales y las aportadas por la barrica.

También es importante que exista equilibrio entre los diferentes componentes del vino: alcohol-taninos-acidez.

-PERSISTENCIA. Un vino es persistente o largo cuando, una vez ingerido, nos deja durante tiempo recuerdos aromáticos y gustativos. La persistencia es un síntoma de calidad. Si el vino enseguida desaparece, hablamos de ‘vino breve'.

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