Bodegas El Paraguas: nuevos caminos en el vino gallego

«La fortuna sonríe a los audaces”, sentenció Virgilio. Y de audacia van sobrados los creadores de Bodegas El Paraguas: el bodeguero y periodista Marcial Pita y el enólogo Felicísimo Pereira. Ambos han sido noticia por plantar el viñedo más septentrional de España, en una zona donde nunca hubo viñas: en la costa de Ferrol, en Esmelle; y -más difícil todavía- han elegido para este cultivo una variedad olvidada, arrinconada: la blanco legítimo. A todas luces parece arriesgado, pero Marcial Pita está tranquilo: “Si no estuviera convencido del éxito, no me habría metido en este proyecto con la que está cayendo”. Y “si cae”, podemos decir que tiene “paraguas”. Su bodega fundada en 2011 junto a Felicísimo, en un pequeño garaje de Ribadavia, ha cosechado un notorio éxito con su blanco El Paraguas Atlántico (D.O. Ribeiro). Prensa especializada, críticos y concursos han reconocido su valor. Ahora, detrás de su aventura ferrolana, queda un serio proyecto de I+D.

Marcial Pita (Ferrol, 1977) no sabía a sus 16 años, cuando empezó a colaborar en el almacén de Vinoselección, que éste sería el inicio de un idilio con el mundo del vino que dura hasta hoy. Actualmente compagina las funciones de periodista especializado en vino y redactor de Vinoselección con las de bodeguero. Hablamos con él sobre su bodega, su proyecto de Esmelle y el ribeiro en general.

-VS. Antes de fundar Bodegas El Paraguas fuiste autor de dos vinos en regiones diferentes: El Linze en Castilla-La Mancha y Marta Cibelina en el Bierzo. Ahora vuelves a tu tierra natal…

-MP. El Paraguas es un sueño cumplido. Soy gallego y quería volver a mis raíces, elaborar aquí vinos de ‘terroir', siguiendo la misma filosofía que venía aplicando. El proyecto interesó a Felicísimo Pereira. Mi amistad con él surgió gracias a la Asociación Galega de Catadores, de la que ambos somos miembros. Coincidiendo en diferentes catas, nos dimos cuenta de que teníamos un paladar bastante parecido y una forma de ver el vino en común. Yo quería dejar de hacer vinos a 800 km de mi casa y le propuse que fundáramos Bodegas El Paraguas. Así comenzó todo en 2011.

Felicísimo Pereira (Ribadavia, 1965) es heredero de una saga de viticultores gallegos, gran conocedor del ribeiro y artífice de magníficos vinos gallegos. Juntos sumaron esfuerzos y sabiduría para crear un blanco que reivindicara la grandeza histórica del ribeiro. Para ello contaban con un viñedo de lujo: La Cabrita (1,2 hectáreas), cultivado con cepas muy viejas de autóctonas y situado junto al río Avia, en Ribadavia, cuna del ribeiro. Un lugar estratégico, donde la montaña actúa como manto protector contra los cambios bruscos de temperatura; de esta peculiaridad viene el nombre de la bodega: El Paraguas.

-VS. Háblanos del valor de vuestros viñedos en Ribadavia.

-MP. Para mí, el ‘grand cru' de los vinos gallegos es el Valle del Avia donde nosotros trabajamos, cuya capital es Ribadavia. El viñedo pertenece a la familia de Felicísimo desde tiempos inmemoriales. Fue el viñedo quien eligió a Felicísimo y es él quien me ha permitido que lo trabajemos para Bodegas El Paraguas. Nosotros estamos abajo, donde confluyen el Avia y el Miño, y nuestras uvas transmiten estructura a los vinos, fundamentalmente. Pero en la otra punta del valle, en Gomariz, 200 m más arriba, con otros suelos, exposiciones, orientaciones, etc., se consigue otro tipo de vinos, también deliciosos, pero muy diferentes a los de Ribadavia. Nosotros buscamos vinos que respeten la tipicidad del viñedo del que proceden. Eso sí, nos servimos de las últimas tecnologías aplicadas a la elaboración, contamos con depósitos de acero a medida para cada variedad y barricas de roble borgoñón de 300 y 500 l.

-VS. ¿Cómo ves el panorama actual del ribeiro?

-MP. El ribeiro se encuentra, seguramente, en el mejor momento de sus casi cinco siglos de historia. Ha recuperado su lugar a la cabeza de entre todas las regiones vitivinícolas gallegas, incluida, por supuesto, la D.O. Rías Baixas. Esto se debe a que algunas personas estamos apostando por elaborar variedades autóctonas procedentes de viñedos viejos con identidad propia cada una. De hecho, en nuestra viña diferenciamos cada una de las plantas. Y no es lo mismo vinificar una que una albariño o una godello. Cada una merece una atención especial y una elaboración particular. El gran reto del ribeiro es quizá el de saber difundirse.

-VS. Volviendo a tu proyecto en la costa de Ferrol, ¿qué te lleva a considerar esta zona como apta para la plantación de viñedo y por qué la uva blanco legítimo?

-MP. Esmelle reúne las dos condiciones básicas que exige la vid para su cultivo: clima medianamente favorable y suelos graníticos tremendamente pobres en su base. Mi familia materna procede de este valle situado junto al Cabo Prior de Ferrol. Empecé a valorar la posibilidad de cultivar aquí hace ocho años, pero he tenido que ir descubriendo que las posibilidades para la vid son mejores de lo que yo pensaba en principio para lanzarme a plantar cepas. De momento, el tiempo nos está dando la razón, pero no sabremos hasta dónde podremos llegar hasta que no valoremos una cosecha que nazca de estos suelos. Eso sí, por aquí están pasando algunos de los expertos vitícolas más importantes de España para darnos sus ideas. Y, la verdad, cada vez estamos más animados con sus comentarios. En cuanto a la elección de la uva blanco legítimo, era la lógica o casi la más cuerda. Es una casta de ciclo corto, es autóctona de Galicia y tiene un enorme potencial por descubrir, en gran medida, lastrado hasta la fecha por una mala praxis vitivinícola.

De momento, han cultivado en Esmelle 0,6 hectáreas, y esperan elaborar los primeros vinos en la añada de 2016. Aunque seguramente no saldrán al mercado hasta 2018. Siguen trabajando…

“Si me lo permiten, pretendo aportar, junto con Felicísimo Pereira, mi granito de arena a la historia del vino gallego. Hemos seleccionado dos clones de las cuatro procedencias de blanco legítimo en Galicia, que apenas suma 300 hectáreas. El año que viene incorporaremos una quinta clase de blanco legítimo que nos traeremos de Cangas de Narcea (Asturias). Cuando veamos cómo evoluciona cada una de las plantas, decidiremos si ampliamos el viñedo y con cuál de las plantas cultivadas. Después, interpretaremos la naturaleza de cada añada y veremos qué es lo que hacemos”, señala Marcial. Y preguntado sobre sus expectativas de éxito, afirma: “Esto no es La Mancha, no son matemáticas. Contamos a priori con que uno de cada cuatro años no salga vino al mercado porque la añada no reúna los requisitos perseguidos. Pero merecerá la pena”.
Seguro que sí. Mucha suerte.

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