botella vino

¿Sabes por qué las botellas de vino son de 75 cl?


Estamos acostumbrados a que el tamaño de las botellas de sea de 75 cl. ¿Te has preguntando por qué? ¿No sería más lógico que fuera de 1 litro? A partir de 1974 se estandarizó la capacidad de las botellas de vino en 0,75 l (75 cl) en toda la Comunidad Europea, y hoy es la capacidad estándar internacional. Vamos a bucear en los motivos.

Un poco de historia

El uso de la botella de vidrio como la conocemos hoy se extendió a mediados del siglo XVIII por toda Europa. Anteriormente las botellas tenían una forma esférica y no tenían más fin que contener el en la mesa para su servicio. Gracias a las innovaciones en la fabricación de vidrio (sobre todo en Inglaterra, Francia y Holanda) se consiguieron botellas más resistentes con la forma cilíndrica que conocemos en la actualidad; aptas para conservar el vino en posición horizontal y que envejezca en contacto con el corcho.

En el siglo XIX se generalizó el uso de la botella de 0,75 l. Y por entonces también comenzaron a coexistir varios modelos de botellas que adoptaron el nombre de la región donde se producían: la bordelesa, borgoñona, champaña, alsaciana o rin…

La capacidad que se impuso

Al margen de los diferentes modelos según la región, como comentábamos, se impuso el tamaño de 0,75 l. Las explicaciones, de lo más variopintas. Existe la teoría de que ese era el tamaño de botella que podía fabricar un vidriero soplando debido a su capacidad pulmonar. Un argumento que presupone que todos los vidrieros tenían la misma capacidad pulmonar.

También está la hipótesis de que 0,75 l es la capacidad ideal para compartir una botella dos personas durante una comida. Bueno, parece una consideración bastante subjetiva.

Otra teoría tiene que ver con que 0,75 l es la mejor capacidad para la conservación, envejecimiento y evolución del vino. Pero no es así. Existen otros tamaños de botellas en el mercado: mágnum (1,5 litros), jéroboam (3 litros), mathusalem (6 litros), nabucodonosor (15 l), etc. Si nos fijamos, es curioso que estos tamaños grandes lleven nombres bíblicos. Parece que nadie sabe por qué. Pero en todos ellos el vino evoluciona bien.



De hecho, muchos profesionales y aficionados piensan que el mágnum es el mejor tamaño para el envejecimiento del vino. Comparado con el formato de 0,75 l, el mágnum implica una menor relación de aire respecto al líquido contenido en la botella. Y esto hace que el vino evolucione de forma más lenta y que, por tanto, se prolongue su vida.

La teoría más convincente

La teoría con mayor base histórica explica que la expansión del formato 0,75 l se debió a una cuestión práctica derivada de facilitar la conversión del sistema métrico decimal al sistema inglés de medidas.

En el siglo XIX, los principales compradores de vino francés eran los ingleses. Y la unidad de volumen de los ingleses era el “galón imperial”, equivalente a 4,54 litros. Para facilitar los cálculos, se decidió transportar el vino francés en barriles con capacidad de 50 galones, lo que equivale a barriles de 225 litros aprox  (4,54 x 50 = 227 l). Por eso también se ha generalizado la barrica de 225 litros.


Así, de cada barril de 50 galones (225 l) salían 300 botellas de 0,75 l. Y un galón, equivalía a 6 botellas. El cálculo era sencillo.

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