Temperatura servicio
Tiempo de consumo
Tipo de vino
Región
Variedad de uva
100% Tempranillo
Tipo de barrica
Barricas nuevas de roble francés (60%) y americano (40%)
Tipo de botella
Borgoñona
Permanencia en barrica
8 meses
Capacidad (cl)
75
Embotellado
06/2018
Acidez total (g/l)
5.2
Acidez volatil (g/l)
0.62
Azúcar
2.5
PH
3.6
Graduación (% vol.)
14.5
Desde los inicios de Bodegas Amézola de la Mora, a mediados de los ochenta, Vinoselección ha seguido de cerca sus pasos. En Torremontalbo, en plena Rioja Alta, se halla un privilegiado enclave en la confluencia de los ríos Ebro y Najerilla, cultivado con 60 hectáreas de viñedo propio que conforman un único pago de donde nacen vinos que representan a la perfección el concepto de rioja tradicional y del clasicismo bien entendido.
Tras el fallecimiento repentino de los fundadores, Íñigo Amézola de la Mora y su hermano, las jóvenes hijas de Íñigo, María y Cristina, ayudadas en un principio por su madre, asumieron la dirección de la bodega y continuaron con la labor iniciada por su padre, consolidándola con gran solidez a pesar de su juventud.
Desde 2001, como homenaje al progenitor, la casa elabora un tinto muy personal que se sitúa en lo alto de la pirámide de calidad de la bodega riojana: el vino Íñigo Amézola que ahora te acercamos en su cosecha 2017. Un monovarietal de tempranillo con todo el carácter de la Rioja Alta.
Luce un bello color rojo picota intenso, de buena capa.
En nariz se desenvuelve complejo y elegante, presentando aromas de frutas negras maduras, mermelada y tostados; así como recuerdos de chocolate, tabaco rubio y hierbas aromáticas.
En boca es equilibrado, sabroso, fresco y con volumen. Disfruta de unos taninos nobles y finos, y una perfecta acidez. Final largo y expresivo, con recuerdos de pastelería y de galleta maría.
Los orígenes de Bodegas Amézola de la Mora se remontan a principios del siglo XIX en Torremontalbo (La Rioja Alta). A finales de ese mismo siglo, la plaga de la filoxera obligó a su propietario a interrumpir su actividad vinícola de forma indefinida. El parón duró hasta 1986, cuando los hermanos Íñigo y Javier Amézola, bisnietos del fundador, reactivaron la bodega hasta convertirla en una de las más importantes de la región.
Aunque actualmente son las hijas de Íñigo quienes gestionan la bodega, la propietaria es Cristina Amézola Downes, madre de las mismas y viuda de Íñigo. Este cambio generacional supone que el proyecto se perpetuará en el tiempo con misma lucidez que hasta ahora. La bodega, de estilo château, cuenta con calados y cuevas subterráneas y 70 hectáreas de viñedo propio. Elabora una completa gama formada por siete vinos de una calidad media más que notable.