En Benijos, por encima de La Orotava y enfrente del ancho océano Atlántico, nace un queso aparentemente simple, sin subterfugios ni alaracas, entre lechoso y lácteo, con aromas sutiles de humo verde, graso en boca, y largas y persistentes notas frescas en el paladar.
En un enclave impresionante, y delante del océano en toda su extensión, nace un queso aparentemente simple, pero directo, sin subterfugios ni alaracas
La cooperativa quesera de Benijos, al norte de La Orotava y en la carretera que sube al Teide, fue una de las apuestas más decididas de los ganaderos chicharreros para afrontar su futuro lechero y quesero a principios de la década de los noventa del siglo pasado. En unas instalaciones modernas y semiautomatizadas comenzaron a elaborar una amplia gama de quesos de cabra, de vaca y de mezcla, aporte de los socios cooperativistas.
Entre todos ellos, siempre ha destacado el queso de cabra de corta maduración, entre tierno y semicurado, que se ahúma al final de su maduración empleando restos vegetales de la tunera que aporta un color y aroma particulares. Este tipo de queso es el más conocido y consumido en Tenerife y es una de sus señas de identidad
El resultado es un queso tierno, húmedo, entre lechoso y lácteo con aromas sutiles de humo verde, graso en boca, limpio y límpido, aparentemente anodino pero con largas y persistentes notas frescas en el paladar.