onsejos para conservar los vinos espumosos en casa

Cómo conservar el vino espumoso 

Conservar el vino espumoso de la mejor manera posible requiere prácticas similares a las de cualquier otro vino. Y es que las condiciones ideales de conservación de toda elaboración exige cuidados similares, más allá de que en función del vino de que se trate exija más o menos temperatura tanto en la cava o bodega (o en su defecto nuestro frigorífico) como a la hora de servirlo. Los vinos espumosos requieren estar bastante más fríos antes de abrirlos, ya que lo recomendable es que esa burbuja en cuestión mantenga la temperatura ideal de principio a fin. Para eso lo acertado siempre es servirlas bien frías, porque eso proporciona más margen de tiempo para que mantenga esa idónea temperatura para ser degustado. Es aquí donde entran en juego las cubiteras y el hielo, ¡imprescindibles!, o las ya populares fajas de frío. 

Lo acertado para que el vino se conserve en condiciones es mantenerlo en una temperatura estable que no baje de 8-12 grados, si bien espumosos, blancos y rosados jóvenes, están mejor entre 6-8º C. No es cosa baladí, pues la temperatura inadecuada enmascara virtudes y resalta defectos: igual que un frío excesivo puede ocultar aromas y sabores naturales, al contrario (con un exceso de temperatura) se potencia el alcohol y la presencia de la madera si la elaboración tiene crianza. Lo primero es fácil de solucionar, cuestión de unos minutos de espera para que se atempere; lo segundo es más complicado.  

Sencillos consejos para conservar vino espumoso  

Lo imprescindible para conservar los vinos espumosos en buen estado es escoger bien el lugar de reposo y  mantenerlos a una temperatura estable. Condicionantes bien sencillos porque, al final, el vino no es tan sensible como lo pintan, sólo hay que cuidarlo como merece por tratarse de un ser vivo, esto es, en constante evolución.  

Una buena opción es tener una cava o un armario frigorífico porque están climatizados, en muchos casos además con control de humedad y temperatura. De ser así, sólo haría falta escoger el mejor lugar para colocar la cava, que sería donde se eviten radicales cambios térmicos porque afectan negativamente a las botellas. Por este motivo, si tienen puerta de cristal, lo ideal es que dispongan de filtros para los rayos UVA, aunque lo más sencillo es evitar la luz natural directa y el calor.  

Dicho esto, entre el común de los mortales lo habitual es disponer de un botellero, para más o menos botellas. Tampoco es extraño que los vinos se repartan por los huecos de la cocina o estén en el salón ¡¡error ambos por ruido, luz, olores, calor…!!).  

En este caso la solución doméstica de conservación pasa por varias recomendaciones que funcionan: optar por habitáculos frescos (los orientados al norte), y aislados del exterior, cuanto más oscuros mejor; en la medida de lo posible, sin ventanas, porque la luz natural puede oxidar el líquido. Luego, que en ese lugar la temperatura media se mantenga en unos 12 grados, requisito indispensable para los espumosos (que al servirlos no deben pasar de 8º C), y la humedad ronde el 75%. Es decir, lugares ventilados y donde no sean constantes las idas y venidas para evitar movimientos y oscilaciones de temperatura.  

Otras opciones

En resumen, si no contamos con un espacio de estas características o parecidas, las opciones pueden ser un trastero, el interior de un armario o debajo de la cama (sobre corcho o envueltas en telas). Tres lugares a priori más fríos, con cierta humedad y temperatura bastante constante a lo largo del año.  

Tampoco la nevera sería un mal aliado, aunque la botella no debería permanecer mucho tiempo dentro; y habría que colocarla siempre distanciada de alimentos que puedan transmitirle olores. Dicho todo esto, se puede deducir que las terrazas son los enemigos absolutos de cualquier vino. 

La importancia de la posición de la botella 

Por otro lado, es muy importante para la conservación de los espumosos la postura que tenga la botella durante el tiempo que está sin abrirse. Estos vinos exigen tranquilidad y estabilidad, dado que las vibraciones pueden provocar o acelerar procesos químicos que afectan al vino una vez abiertos. Y, sobre todo, las botellas deben estar tumbadas, incluso un poco inclinadas para que el líquido esté en contacto con el corcho y éste permanezca mojado, hinchado (así nada sale ni entra), y no pierda flexibilidad. En cualquier caso, cuando se vaya a consumir, tendrá que pasar antes por el frigo si no está en un armario refrigerado.  

No obstante, hechas las recomendaciones también hay que tener en cuenta que no todos los espumosos, como no todos los vinos, están elaborados para permanecer en la botella sine die. Unos aguantan el paso del tiempo pero otros no, simplemente porque están concebidos para eso. Y en este caso, lo mejor es abrirlo en el momento que apetezca y disfrutarlo. Ah, y si no terminamos la botella de una sentada, es fundamental que usemos las herramientas para sacar el aire de la botella antes de taparla de nuevo (también con tapones de cierre al vacío). De esta manera se retrasa la oxidación del vino que quede, y es la única solución para que aguante algún día más (no más de tres) en la nevera sin perder sus propiedades, como el carbónico y la frescura.  

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