A poco más de tres kilómetros y medio del centro de Saint-Émilion, en la localidad de Saint-Christophe-des-Bardes, se levanta Château Rocheyron, bodega del enólogo danés Peter Sisseck, creador de Pingus, el mítico vino de la Ribera del Duero.
En 2010, Sisseck y su amigo, Silvio Denz, diseñador de perfumes, coleccionista de arte, y propietario de Art and Fragrance and Lalique, compraron el châteu con un firme propósito: elaborar grandes vinos de Burdeos que fueran la fiel expresión de su excepcional terroir de origen.
No ha transcurrido aún una década desde entonces y las creaciones de Château Rocheyron ya brillan por su intensidad, complejidad, gran clase y distinción. Y lo hacen gracias, primero, al fantástico viñedo del que proceden de 8.45 hectáreas, plantado junto al Grand Cru Classé Château Laroque, sobre una meseta de piedra caliza, y compuesto por cepas de una edad media de más de 45 años (algunas incluso superan los 80 años) de merlot (70%) y cabernet franc (30%).
La absoluta precisión del trabajo llevado a cabo, tanto con las viñas (siguiendo los dictámenes de la viticultura orgánica) como posteriormente en bodega, terminan por aportar a los vinos de Château Rocheyron todo el esplendor y peso propios de una de las zonas de producción más prestigiosas del mundo como es la bordelesa de Saint-Émilion.