Jean-Luc Thunevin fue uno de los grandes protagonistas del vino francés durante el cambio de milenio. A mediados de los 90, el gurú norteamericano Robert Parker lo puso en el punto de mira al señalarlo como el enfant terrible del vino bordelés para, a continuación, puntuar a su Château Valandraud por encima de mitos de la talla de Pétrus. Pocos años después, en 2000, un viaje a Roussillon cambió su vida para siempre. El flechazo con esta región del sureste francés le llevó a adquirir algunas hectáreas de viñedo junto al productor local Jean Roger Calvet y fundar Domaine Thunevin-Calvet. Domaine Thunevin-Calvet se ubica en Maury, en un terreno de esquistos negros, y su primera añada se produjo en 2001.