Pago de Vallegarcía es la bodega del empresario Alfonso Cortina de Alcocer, quien en 1997 decide dar el salto a la viticultura y elaborar al estilo de los grandes vinos de Burdeos y Borgoña. Un proyecto sin fisuras que ha dado como resultado espectaculares vinos. La filosofía de Pago de Vallegarcía es elaborar vinos de muy alta calidad, a partir de uva propia, de composición equilibrada, vendimiada a mano en el momento óptimo de maduración y con aptitud para la crianza en barrica y el envejecimiento en botella. Los vinos buscan respetar la tipicidad de cada una de las variedades y la expresión del terruño.
La pasión de Alfonso Cortina por los grandes vinos de Burdeos y Borgoña ha quedado patente en este proyecto, que contó con la maestría del profesor en viticultura australiano Richard Smart para proyectar la plantación del viñedo en la finca Vallegarcía, situada en los Montes de Toledo, en un idílico paraje del Parque Nacional de Cabañeros.
La primera añada de la firma se realizó en las instalaciones de la bodega Dehesa del Carrizal, en 2001. El éxito conseguido en este momento y durante los cuatro años siguientes (el gurú norteamericano Robert Parker alabó la calidad de los vinos de Vallegarcía), motivaron a Alfonso Cortina a edificar su propia bodega, que fue inaugurada en 2006. El viñedo tiene una extensión de 31 hectáreas y tiene cinco variedades tintas y una blanca (Merlot, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Syrah y la blanca Viognier), variedades francesas de reconocida y demostrada calidad todas ellas; y los vinos de Vallegarcía se elaboran exclusivamente con uvas del viñedo propio.
La singularidad del Pago de Vallegarcía ha sido reconocida por la Unión Europea con la calificación Denominación de Origen Protegida: DOP Vallegarcía.