Propiedad de la familia Jiménez-Landi, la historia actual de esta bodega comienza a escribirse en 2004 con el lanzamiento de un nuevo proyecto basado en la reinterpretación de la garnacha en una zona histórica de su cultivo: la Sierra de Gredos. Al margen de concentraciones y potencias, Jiménez-Landi se centró en mostrar el perfil más fresco, elegante y sutil de la garnacha. Y pronto le llegaría el reconocimiento internacional.
Las altas puntuaciones otorgadas por Robert Parker harían que esta pequeña bodega de producciones limitadas triunfara antes fuera que dentro de nuestro país.
La apuesta por una agricultura ecológica y biodinámica y el rigor artesanal en la elaboración son otras de las señas de identidad de una bodega que reivindica lo natural: vendimia manual, pisado de la uva con los pies, fermentaciones con levaduras autóctonas, mínimo uso de sulfuroso, y crianzas en barricas grandes para respetar al máximo la personalidad del vino.