Airén, de cenicienta a uva empoderada
La uva airén no ha dicho su última palabra. En un momento en que los vinos ecológicos y las variedades autóctonas están en plena tendencia, es hora de prestar más atención a la que muchos llaman ‘la cenicienta manchega’.
La airén es la segunda uva más plantada de España. Y, sorprendentemente, casi todo su cultivo se restringe al ámbito de Castilla-La Mancha. En esta inmensa región vitícola, viticultores y bodegas están explorando nuevas formas de expresión de esta variedad tradicional.
El 17 de octubre, en una cata en Madrid dirigida por Antonio Candelas, director de la revista ‘Mi Vino’, se evaluaron diez vinos blancos elaborados con airén. La selección mostró la diversidad de estilos que esta uva puede ofrecer: desde vinos jóvenes a elaboraciones con mayores pretensiones, con crianzas sobre lías, en tinajas o barricas.
“La airén ha sido maltratada, pero no por sus cualidades enológicas, ni siquiera por los elaboradores, sino porque se le ha dado una vocación equivocada”, afirmó Candelas. Y es cierto: durante décadas se priorizó el volumen sobre la calidad, pero hoy se reconoce que la airén puede dar lugar a vinos de nivel. Además, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha encuentra las condiciones óptimas para su cultivo en ecológico.
La reina en extensión
España cuenta con un total de 937.781 hectáreas de viñedo, de las cuales 195.175 hectáreas están dedicadas a la variedad airén. Esto representa el 20,8 % de toda la superficie vitivinícola nacional, lo que convierte a la airén en la variedad blanca más cultivada del país y la segunda en términos generales.
En 2021 la airén perdió el liderazgo en superficie frente a la tempranillo, que ahora ocupa el primer puesto con 195.076 hectáreas, el 21 % del total nacional. La airén se mantiene firme en el segundo lugar, aunque su extensión de cultivo viene descendiendo desde 2010.
Lo más llamativo es que el 98,4 % de los viñedos de airén se encuentran en Castilla-La Mancha, donde es claramente la variedad mayoritaria, tanto entre tintas como blancas. Aunque también se cultiva en regiones como Extremadura y Madrid, su presencia fuera de Castilla-La Mancha es mínima, lo que permite considerarla una variedad autóctona de esta comunidad.
Su caso encuentra solo un paralelo en el de la variedad bobal, otra uva autóctona cuyo cultivo se concentra prácticamente en una única área geográfica: el sureste español.
Un encaje perfecto en las tierras castellano-manchegas
La airén es una variedad de brotación y maduración tardía. Destaca por su elevada fertilidad, pero es posible controlar el rendimiento mediante técnicas de manejo adecuadas.
Su porte rastrero le permite aprovechar al máximo la humedad del suelo. Además, la airén muestra una notable resistencia a la sequía en Castilla-La Mancha la pluviometría es de solo 300 mm. Y sabemos que cada vez lloverá menos, por lo que se adapta muy bien al cambio climático.
Por otro lado, gracias a su resistencia natural a enfermedades y plagas, es adecuada para el cultivo ecológico. Y las condiciones de Castilla-La Mancha favorecen este tipo de agricultura sostenible.
Por todo ello, aunque la airén no es fácil de cultivar por sus características, Castilla-La Mancha ofrece el entorno ideal para su desarrollo.
Redescubriendo su valor cualitativo
La airén se cultiva principalmente en el triángulo formado por Tomelloso, Villarrobledo y Socuéllamos. En esta zona se instalaron casas jerezanas que históricamente han comprado la uva airén a precios bajos para conseguir alcohol vínico y trasladarlo después a Jerez para su crianza y elaboración de brandy. Además, la airén ha tenido un papel destacado en la industria granelera.
Hoy, por fortuna, muchas bodegas están trabajando para poner en valor el potencial cualitativo de esta casta. Al ser una uva poco aromática, permite expresar con claridad el concepto de terruño, ya que no enmascara las características del suelo con aromas intensos.
Además, gran parte del viñedo de airén en la región está formado por cepas viejas en vaso y en riguroso secano, aunque también hay cultivos en espaldera. Esas viñas viejas bridan uvas pequeñas de piel gruesa que se transforman en vinos con mayor estructura en boca.
Los suelos también son otro factor de calidad. Castilla-La Mancha cuenta con suelos calcáreos, como las prestigiosas regiones de Champagne o Jerez. Estos suelos, considerados un tesoro en el contexto del cambio climático, aportan frescura a los vinos. Si a esto se suma la altitud de ciertas zonas, el potencial vitícola se multiplica.
Además de los suelos calcáreos, también encontramos en la región suelos arenosos que, debido a su alta permeabilidad, provocan mayor estrés hídrico en las vides, obligando a las raíces a profundizar.
La airén y sus diferentes caminos de interés
En la cata se presentaron vinos de airén de la última añada (la 2024) con un perfil muy reconocible en su carácter juvenil, y también elaboraciones más complejas.
-Los blancos jóvenes de airén exhiben, sobre todo, notas de fruta blanca, camomila, hierbas, toques silvestres y alguna nota exótica (melón). En boca son vinos fluidos y frescos, a pesar de ser una variedad que no destaca por sus altos índices de acidez. Catamos también algunos vinos jóvenes que incluían un porcentaje (15%) de otras variedades como verdejo o sauvignon blanc, lo que les aporta mayor opulencia aromática.
-Un paso más en pretensiones, catamos blancos de airén elaborados con viñedos centenarios sobre pie franco y con crianza sobre lías, que ofrecían narices más finas y elegantes, y más más volumen en boca.
-Algunos productores están apostando por darles crianza en barricas o en tinajas, una tendencia en auge. De hecho, en Villarrobledo existe una gran tradición en la elaboración de tinajas por la abundancia de arcilla. La tinaja aporta finura y conserva en mayor medida las notas frutales, sin los ahumados de la barrica.
Como ejemplo de airén con crianza en tinajas está el fantástico Alejairén Tinaja 2023: la versión más vanguardista de un vino que ya es un clásico en la D.O. La Mancha. Un blanco de calidad irrefutable, elaborado por la familia Fernández Rivera, creadores de Tinto Pesquera.
-Por último, mencionar que algunas casas están recuperando la tradición de elaborar vinos rancios con airén, mediante procesos de vinificación muy singulares. En estos vinos, la uva realiza una maceración prolongada con los hollejos, que puede durar más de un año. Finalizada esta etapa, el vino reposa otro periodo en barricas con velo de flor roto. El resultado son vinos muy expresivos que armonizan de maravilla con quesos muy curados y escabeches.
En definitiva, podemos afirmar que el potencial de esta variedad, sobre todo cuando proviene de viñedos viejos, es alto. El hecho de que un vino de airén, El Cerrico 2021, lograra 100 puntos del Master of Wine Tim Atkin es una muestra más que evidente (este blanco tiene D.O. Jumilla, pero no olvidemos que gran parte del viñedo de esta denominación está en Albacete). La mecha está prendida: veremos más y mejores blancos de airén.