Después de muchos años vendiendo sus uvas a bodegas tan prestigiosas como Vega Sicilia, Carmelo Rodero, cuarta generación de viticultores de Pedrosa de Duero (Burgos), decidió en 1990 elaborar sus propios vinos, fundando Bodegas Rodero.
Bodegas Rodero se ha posicionado como una de las bodegas más destacadas de Ribera del Duero gracias, sobre todo, a la calidad de sus viñedos. El exquisito trato que otorga a la uva es prioritario. Cada uno de sus vinos procede de una parcela determinada, y se elabora atendiendo a diversos factores, como la edad de las plantas, el tipo de suelo, su orientación y exposición. Un meticuloso trabajo que también incluye la elección de las barricas más adecuadas para la crianza de cada vino. La hija de Carmelo Rodero, Beatriz, dirige las riendas enológicas.