En la década de los noventa, el grupo La Rioja Alta decidió iniciar un plan de expansión que le llevó a fundar Bodegas y Viñedos Áster en la Ribera del Duero. Para este proyecto, la sociedad unió el deseo de alcanzar la excelencia enológica con la filosofía de emplear únicamente viñedos propios para la elaboración de los vinos. Precisamente a causa de ese afán perfeccionista, el primer vino etiquetado como Áster no vio la luz hasta el año 2000, cuando las cepas dieron por fin uvas con la calidad suficiente para su elaboración.
En 2002, poco después de la salida al mercado de su primer vino, Áster construyó su bodega en Anguix, unas instalaciones equipadas con la más moderna tecnología. Las 95 hectáreas de viñedo de tinta del país, situado entre este municipio burgalés y La Horra, han alcanzado ya su madurez la mayoría se plantaron en 1991- y funcionan a pleno rendimiento.